¿La fibromialgia también puede afectar la sexualidad?
Dolor, cansancio, respuesta sexual, emociones y relación con el contacto pueden influir de maneras distintas en la experiencia sexual.
Cuando hablamos de fibromialgia, solemos pensar primero en el dolor, el cansancio, los problemas de sueño o las dificultades que pueden aparecer en algunas actividades cotidianas.
Pero existe otra parte de la vida que también puede cambiar y de la que se habla bastante menos: la sexualidad.
La investigación ha encontrado de manera consistente mayores dificultades en la función sexual de mujeres con fibromialgia en comparación con mujeres sin esta condición. Se han observado diferencias en aspectos como el deseo, la excitación, la lubricación, el orgasmo, la satisfacción y la presencia de dolor durante las relaciones sexuales.
Esto no significa que todas las personas con fibromialgia vayan a experimentar dificultades, ni que necesariamente todas estas áreas se vean afectadas.
Lo que sí nos permite reconocer es algo importante: los cambios en la sexualidad también pueden formar parte de la experiencia de la fibromialgia y merecen ser considerados.
Y para comprenderlos, primero necesitamos ampliar un poco la mirada sobre qué entendemos por sexualidad.
No se trata solamente de tener más o menos deseo
Cuando una persona nota cambios en su sexualidad, es fácil pensar inmediatamente en la “falta de ganas”.
Pero el deseo es solo una parte de la experiencia sexual.
Una persona puede seguir sintiendo deseo y, sin embargo, experimentar dolor durante determinadas prácticas. Otra puede notar que le cuesta más excitarse. También pueden aparecer cambios en la lubricación, dificultades para llegar al orgasmo, menor satisfacción o simplemente la sensación de que los encuentros ya no se viven de la misma manera.
Los estudios sobre fibromialgia muestran precisamente esa diversidad. Algunas investigaciones encuentran diferencias en prácticamente todas estas áreas, mientras que otras muestran que determinados aspectos están más afectados que otros.
Por eso no existe una única forma de hablar de dificultades sexuales en la fibromialgia.
Tampoco podemos asumir que tener menos relaciones sexuales significa necesariamente tener menos deseo, ni que sentir deseo significa que el cuerpo responderá de la misma manera que antes.
Son experiencias relacionadas, pero no equivalentes.
La sexualidad puede cambiar de distintas maneras
Cuando hablamos de cómo la fibromialgia puede influir en la sexualidad, no estamos hablando solamente de tener más o menos ganas de tener relaciones.
Algunas personas pueden notar menos deseo. Otras pueden sentir que les cuesta más excitarse o que su cuerpo responde de una manera diferente. También pueden aparecer molestias o dolor durante determinados contactos, cambios en la lubricación, dificultades para llegar al orgasmo o una menor satisfacción con la experiencia sexual.
Pero que algo haya cambiado no significa automáticamente que exista un problema.
Para una persona, ese cambio puede ser importante y generar preocupación, frustración o tristeza. Para otra, puede no representar una dificultad. Y también puede ocurrir que todavía no sepa muy bien qué siente respecto de lo que está viviendo.
Por eso no importa solamente identificar qué ha cambiado.
También importa preguntarse:
¿Cómo estoy viviendo yo este cambio y cuánto está afectando esta parte de mi vida?
La fibromialgia puede influir, pero no explica todo
Este es probablemente uno de los puntos más importantes.
La investigación permite afirmar que la fibromialgia se asocia con mayores dificultades sexuales, pero eso no significa que exista una única causa capaz de explicarlas.
El dolor puede influir, por supuesto. También pueden hacerlo la fatiga, la rigidez, las dificultades de sueño, el estado de ánimo, algunos tratamientos farmacológicos, los cambios asociados a la edad y distintos factores personales o relacionales.
Y estos elementos no necesariamente tienen el mismo peso en todas las personas.
Por eso sería demasiado simple concluir:
“Tengo fibromialgia, por eso ya no tengo deseo”.
O:
“Como tengo más dolor, necesariamente tendré más dificultades sexuales”.
Puede existir una relación, pero para comprender qué está ocurriendo en una persona concreta necesitamos mirar algo más que un síntoma aislado.
¿Qué cambió? ¿Desde cuándo? ¿Qué ocurre con el dolor, la energía o el descanso? ¿Ha cambiado la respuesta del cuerpo? ¿Cómo se está viviendo emocionalmente? ¿Hay algo diferente en la relación o en la forma de encontrarse con otra persona?
Hacer estas distinciones permite acercarse a lo que ocurre con más curiosidad y menos conclusiones anticipadas.
También puede cambiar la relación con el contacto y la intimidad
La sexualidad no ocurre separada del resto de nuestra experiencia corporal.
Si una persona ha sentido dolor durante un encuentro, algunos contactos comienzan a resultarle incómodos o existe temor a sentirse peor después, es comprensible que empiece a acercarse de otra manera a determinadas situaciones.
En estudios cualitativos realizados con parejas de mujeres con fibromialgia se han descrito cambios en la espontaneidad, mayor cautela al tocar o moverse, temor de provocar dolor y dificultades para saber cómo acercarse.
Esto muestra algo interesante: los cambios no necesariamente comienzan y terminan en una relación sexual. También pueden alcanzar el contacto físico, la cercanía y la manera en que las personas se encuentran.
No significa que inevitablemente una relación de pareja vaya a deteriorarse.
Significa que cuando cambia la experiencia corporal, la forma de encontrarse con otra persona también puede necesitar ajustes, conversación y nuevas maneras de acercarse.
Y tampoco necesitamos reducir la sexualidad a la penetración o a una determinada frecuencia de relaciones. La intimidad y el encuentro sexual pueden tomar formas distintas a lo largo de la vida y de acuerdo con lo que cada persona considera importante y satisfactorio.
La sexualidad también es un tema de salud
Hay algo que aparece repetidamente al revisar la investigación sobre este tema: la sexualidad suele quedar fuera de las conversaciones sobre fibromialgia.
Se habla del dolor, del sueño, del movimiento, de los medicamentos y del cansancio.
La sexualidad, en cambio, puede quedar relegada, como si fuera un aspecto secundario o completamente separado de la salud.
Sin embargo, forma parte del bienestar y de la calidad de vida. Por eso distintos estudios plantean la importancia de incorporarla dentro de una atención integral.
Esto no significa que todas las personas tengan que hablar de su sexualidad ni que exista una forma “correcta” de vivirla.
Significa algo bastante más sencillo:
si algo ha cambiado, te genera malestar y es importante para ti, también es un tema válido para conversar con un profesional de salud.
Dependiendo de lo que esté ocurriendo, puede ser necesario explorar factores físicos, farmacológicos, psicológicos o relacionales. Y precisamente por eso no siempre habrá una única respuesta ni una misma intervención para todas las personas.
Como hemos visto, la fibromialgia puede influir en la sexualidad, pero no siempre lo hace de la misma manera.
Puede haber cambios en el deseo, en la respuesta del cuerpo, en la presencia de dolor, en la satisfacción, en la relación con el contacto o en la dinámica con otra persona. Y detrás de esos cambios pueden participar distintos factores.
Reconocer esta complejidad evita dos extremos: atribuir automáticamente cualquier dificultad a la fibromialgia o dejar la sexualidad completamente fuera del cuidado de la salud.
Quizás un buen punto de partida no sea preguntarse inmediatamente “¿qué me pasa?”, sino observar con un poco más de detalle:
¿Qué ha cambiado en mi sexualidad desde que comenzaron los síntomas y qué podría estar influyendo en ello?
Esa pregunta nos permite avanzar hacia un tema que merece ser mirado con mayor profundidad: por qué el deseo sexual puede cambiar en la fibromialgia y por qué no siempre se explica solamente por el dolor.
Una pausa para llevarlo a tu experiencia
Hasta aquí hemos hablado de lo que sabemos sobre este tema. Pero cada persona puede vivirlo de una manera diferente.
Si te hace sentido, puedes detenerte un momento y llevar esta información a tu propia experiencia. No necesitas llegar a una respuesta ni cambiar nada. La invitación es simplemente a observar qué ocurre en ti y qué de lo que has leído se relaciona —o no— con lo que estás viviendo.
Elige aquellas que te ayuden a mirar lo que está ocurriendo con un poco más de claridad:
- ¿Hay algo de mi sexualidad que haya cambiado desde que comenzaron mis síntomas?
- Si ha cambiado, ¿qué noto principalmente: deseo, respuesta del cuerpo, dolor, energía, comodidad con el contacto, satisfacción u otra cosa?
- ¿Hay momentos o condiciones en que me siento más disponible para el contacto o la intimidad?
- ¿Hay algo que actualmente evito por dolor, cansancio, temor o incomodidad?
- ¿Este cambio me preocupa a mí o siento que “debería” preocuparme porque espero que mi sexualidad sea de determinada manera?
- Si pudiera cambiar una sola cosa de mi experiencia actual, ¿cuál sería importante para mí?
No se trata de evaluar si tu sexualidad está “bien” o “mal”.
La intención es empezar por algo más básico: reconocer cómo la estás viviendo tú y si existe algo que te gustaría comprender, conversar o cuidar de otra manera.
Si este tema forma parte de tu experiencia, puedes seguir explorando la serie sobre fibromialgia y sexualidad en el blog de Crear y Sanar. En los próximos contenidos iremos profundizando en los distintos factores que pueden influir y en las formas de abordarlos.
Fuentes
- Cuevas-Toro, A. M., Díaz-Batanero, C., Sánchez-Fuentes, M. M. (2025). Sexual desire in women with fibromyalgia: beyond the pain? The Journal of Sexual Medicine.
- Deggerone, I., Rodrigues Uggioni, M. L., Rech, P., et al. (2024). Fibromyalgia and sexual dysfunction in women: a systematic review and meta-analysis. European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology.
- Erdem, İ. H., Ustabaşıoğlu, F. (2023). Evaluation of sexual function and depression in female patients with fibromyalgia. Revista da Associação Médica Brasileira.
- Ricoy-Cano, A. J., Cortés-Pérez, I., Martín-Cano, M. C., et al. (2022). Impact of fibromyalgia syndrome on female sexual function: a systematic review with meta-analysis. Journal of Clinical Rheumatology.
- Romero-Alcalá, P., Hernández-Padilla, J. M., Fernández-Sola, C., et al. (2019). Sexuality in male partners of women with fibromyalgia syndrome: a qualitative study. PLOS ONE.